Aprender haciendo

Es importante en un aula, para transmitir conocimientos, como docente,  combinar la experiencia, la percepción, la cognición y el comportamiento de los alumnos, impulsando el aprendizaje activo y práctico en el aula, y estimulando la búsqueda de soluciones creativas para la resolución de problemas y no solo desde el punto de vista teórico, sino con una aplicación y un resultado totalmente práctico basado en el ensayo-error, así como en el pensamiento lógico y la experimentación.

Medir, pintar, crear, investigar, leer, escribir, hablar en público, cantar o representar, sumar y restar, localizar en un mapa o construir algo con las manos, experimentar, tocar, manipular, usar los dispositivos móviles o apps apropiada Estas habilidades se corresponden con el desarrollo de las capacidades incluidas en el currículo escolar. Y añadiremos otras habilidades transferibles como la inteligencia social y emocional, ética de trabajo, liderazgo, comunicación y toma de decisiones.Estando todas, perfectamente alineadas con  otras metodologías educativas que también emplean las nuevas tecnologías como el «aula invertida» (Flipped Classroom).

OTROS DATOS:


EL MOVIMIENTO MAKER


La educación maker es un enfoque de construcción del aprendizaje basada en objetos y proyectos.


John Dewey, filósofo estadounidense, fue uno de los primeros en señalar que la educación es un “proceso interactivo” por eso se le puede considerar el padre de la educación experiencial moderna.



William Morris: DIY, arte y emprendimiento

William Morris precursor del movimiento DIY o “maker”



William Morris fue uno de los precursores innegables del movimiento “maker” o DIY (“Do It Yourself” – “Hazlo tú mismo”). Inglés, socialista, emprendedor, artista y artesano, Morris pertenecía a ese tipo de sabio renacentista que, como Leonardo, diseñaba tanto el mecanismo de un telar como componía glosas en lenguas escandinavas. Tres siglos después, sus escritos e ideas han dejado una profunda huella.

Morris & Co.

William Morris predicó con el ejemplo y fundó su propia empresa, primero con varios compañeros y luego por su cuenta. Morris & Co. fue un experimento exitoso que demostró que existían huecos financieramente viables para otros negocios al margen de la lógica de la producción y distribución de bienes de consumo en serie. El modelo de negocio de Morris & Co. basó su éxito en la distribución y contacto directos entre artesano y cliente (ciento cincuenta años antes de que Internet permitiera romper estas barreras de manera global) y en la fabricación de productos de alto nivel artístico (hoy le llamaríamos diseño) y a medida. Valiosas pistas sobre la economía competitiva que deberíamos defender: competitividad basada en el alto valor añadido, y no en la reducción de costes laborales ni en el escamoteamiento de impuestos.

En sus conferencias y escritos, William Morris hace del DIY piedra angular de toda una filosofía política que clama por la emancipación del hombre a través de un trabajo hecho con mimo y destreza, en el que cada uno pueda proyectar lo mejor de sí. Un aspecto que también entronca con el pensamiento de un sociólogo contemporáneo como Richard Sennett.

Morris reivindica el derecho a “disfrutar del trabajo” y a recuperar el espíritu renacentista con el hombre en el centro de la acción. En la emocionante parte final de una de sus conferencias en Oxford ante un nutrido grupo de estudiantes de buena posición social, en lugar de abogar por la lucha de clases, propone una acción conjunta, cooperativa y fraternal, en la que las clases más cultivadas y los obreros actúen juntos para quebrar el injusto industrialismo imperante. Propuestas inspiradoras y actuales que dan sentido a la creación de espacios donde se creen y cultiven empresas que unan a los licenciados de hoy en día con los estudiantes de ciclos profesionales, y que permitan que los colectivos ciudadanos se puedan implicar en los procesos de diseño de producto a través de dinámicas de innovación abierta.

El derecho a la belleza

Para finalizar, como explica el gran escritor francés Michel Houellebecq en una de sus últimas obras, El mapa y el territorioa propósito de William Morris, “todo hombre, a su escala, puede producir belleza – bien a través de la realización de un cuadro, de un vestido, de un mueble; y todo hombre igualmente debería tener derecho, en su vida cotidiana, a estar rodeado de objetos bellos”. El derecho a la belleza (y a la creatividad) que hoy se puede extender a nuevos objetos físicos o virtuales: líneas de código, diseños web, procesos de desarrollo, o urbanismo digital.

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